lunes, 30 de julio de 2012

ARTÍCULO DEL MES

La tragedia de dos lagos.

A pesar de los miles de kilómetros que los separan, el mar de Aral, situado en el Asia centro occidental, asentado sobre las ex repúblicas soviéticas de Kazakstán y Uzbekistán, y el lago Chad, situado en el África centro norte, compartido por las repúblicas de, Nigeria, Níger, Camerún y Chad. Comparten una historia común y simultánea, una historia trágica, ya que en el último medio siglo han perdido gran parte de su agua. Se trata de dos lagos endorreicos y poco profundos.
A principios de los años sesenta, el gobierno soviético decidió incrementar la captación de agua de los dos grandes ríos, el Amu Daria y el Sir Daria, que alimentan al mencionado lago con el fin de convertir el desierto en una zona de producción agrícola (con especial atención a la cosecha del algodón), más o menos las expectativas económicas se cumplieron, pero fue a costa de un gran impacto ecológico. El mar de Aral perdió en este tiempo el 80 por ciento de su volumen, y vio reducida su superficie en un sesenta, pasó de tener una extensión de 68.000 km cuadrados en 1960, a unos 6.800 en el año 2007, quedando dividido el lago en dos cuerpos de agua.
Miles de personas perdieron su trabajo, al quedar en dique seco, me refiero a la ciudad kazaja de Aral y a la uzbeka de Moinak; dichos habitantes que vivían de la pesca vieron como la línea de costa se retiraba hasta cien km (caso de Aral). Al quedar grandes extensiones del fondo del lago al descubierto, grandes cantidades de sal y productos tóxicos, fueron empujados por los vientos a grandes distancias, siendo afectadas negativamente una gran extensión de las cosechas de algodón y cereales.

El lago Chad es el resto de lo que fue hace 6000 años un auténtico mar interior, que llegó a tener una extensión de 400.000 km cuadrados. En el año 1960 aún era uno de los lagos más grandes de África con sus 26.000 kilómetros cuadrados, en el año 2007 su superficie era de novecientos km cuadrados, perdiendo en cuarenta años un 90 por ciento de su volumen.
En este caso se produjo una disminución de las precipitaciones (probablemente a causa del cambio climático), junto con un crecimiento considerable de la población que vive en el entorno del lago y sus afluentes, se calcula que viven en esta área unos 25 millones de habitantes. El principal de sus afluentes es el Chari que junto a sus subafluentes (Logone, Sara, Keita), proporcionan el noventa por ciento del agua del lago, en este caso el agua extraída, tiene como principal destinatario los cultivos de arroz.
Si las cosas continúan a este ritmo, se piensa que en dos décadas el Chad puede desaparecer lo que ocasionará un grave problema de subsistencia en la región.
Los dos casos mencionados son un ejemplo de la mala relación entre el ser humano y la naturaleza, quizás como consecuencia de la nefasta idea de que nuestra especie es algo especial en la biosfera, algo que puede hacer y deshacer a su antojo, siempre buscando sacar el máximo provecho de los recursos que esta contiene. Lo malo es que con esta actitud estamos provocando graves alteraciones medioambientales que repercuten en la extinción de no pocas especies, y van a poner en jaque a la propia especie humana. Los recursos del planeta además de ser limitados (la ideología predominante basa su éxito en un crecimiento sin límites), no pueden seguir siendo explotados sin tener en cuenta las consecuencias ecológicas, aunque quizás ya sea demasiado tarde para rectificar el rumbo.

Antonio Fernández

2 comentarios:

Puri dijo...

Desconocia totalmente la problemática de la desecación en esta zona. El artículo me parece muy interesante. Felicidades...

Lucia dijo...

Yo tampoco conocía esta situación, sin duda es un tema muy importante y que afecta a muchas personas.
Enhorabuena por la noticia.